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Mostrando entradas de febrero, 2014
Me gusta cuando te empeñas en seguir leyendo al salir del metro en hora punta, de camino a la salida, cuando sabes que todo el mundo tiene prisa. Me gusta cuando después de un mal rato aprecias mucho más lo bonito que es vivir; eso nunca sabré como lo haces. Me gusta cuando el sol hace que te brille el pelo y la sonrisa y la vida. Me gusta la fuerza que tienes para aferrarte a aquellas cosas que te hacen bien; a tus lugares, tus personas, o tus recuerdos.  Me gusta que seas tan tú; que haya cosas que sean muy tuyas. Me gusta el color de tus ojos y que tus dedos meñiques de las manos y los pies sean tan pequeños. Me gustan tu pasión y tus ganas, que te bajes una parada antes para pasear, que nunca tengas prisa, que te conozcas, que sepas claro lo que quieres, y que de vez en cuando recuerdes las cosas que me gustan de ti. Me gustaría que te gustaras un poquito más.

Mía y mía y mía, y habrá que quererla

"Madrid te empuja con sus prisas y te escupe diez años de más en los reflejos de las ventanas del metro. Es egoísta, insegura y nunca mira por dónde va, le da igual todo y te estampa dos besos cuando llega aunque vaya con un vino o un grito de más. Es la que te ahoga nada más entrar, aprieta, machaca y te obliga a pasar por debajo suyo, por sus entrañas más oscuras, sus esquinas más artificiales. Madrid ya no sorprende, asusta cada día, satura y abruma y exprime hasta el último átomo de oxígeno. Y aunque pesa, es mía, es parte de mí, y yo soy parte de ella. Guapita, que aunque me vaya, al final siempre acabaré torturándome en tus brazos, Madrid..."