Me apetece otra conversación larguísima, de esas de las nuestras. En las que yo hable muy poco y te escuche mucho. Que me dé tiempo a pensarte de diez mil maneras distintas en dos horas. Y que palabra a palabra me acaricies el oído (y así calientas para después comerme la oreja). Descúbreme los nuevos puentes que construyes, ábreme puertas que siempre tienes cerradas, recórreme tus mapas y guíame por tus pasillos. Para aprenderte, aprender cómo piensas. Cómo hilas, como conectas, cómo reaccionas. Saberme de memoria todos tus mecanismos y así adivinarte por donde vas a venir, averiguando que eres totalmente impredecible (y eso me engancha). Si he perdido las ganas de escribirte, es porque sólo escribo que te tengo ganas .
(las manos con cicatrices dan las caricias más suaves)