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Este año no ha sido fácil, nada fácil. Lo más difícil ha sido darme cuenta de que no sé reaccionar. Lo más bonito ha sido romperme del todo muchas veces y darme cuenta de que al día siguiente te despiertas por la mañana. Con más o menos motivos, pero te despiertas. Quiero poder decir que he aprendido a enfrentarme a un tipo de situaciones que sólo se dan una vez en la vida. Así que seguramente no sepa afrontar bien las del 2015. Por eso, gracias a la gente que me entiende. Y a la que no, lo siento en el alma. Me he equivocado y volverá a ocurrir. No soy fuerte porque había veces que no tenía fuerzas. Y que no podía seguir. Pero yo no elijo que la vida siga pasando. Y que me arraste. Qué bonita es, ¿eh? Gracias vida.
Hoy me he acordado de la última vez que te escribí con la intención de que me leyeras. Hablaba de por qué voy a quererte siempre.  Ahora mismo ni nunca en la vida cambiaría ni una sola coma.  Está escrita en tu color favorito y con mi mejor caligrafía, y no sé por qué nunca te la llegué a dar, porque pocas veces escribo con destinatario y me suelo encargar de que mis cartas se reciben. Me sinceré mucho ahí. Quizás por eso me dolió todo tanto. Fíjate si dolió que necesité pastillas para aguantar entera cuando me desgarraste, porque fue eso, rasgarme entera a base de cuchillo. Puede que sea débil, lo sé, pero tú eres una de mis debilidades y no me avergüenzo. Me aportabas mucho. Me enseñaste mucho. Hay una parte de mi personalidad que lleva tu copyright. Nos veía tan fuertes, mejor aún, tan fuerte, porque éramos una sola persona repartida en dos cuerpos. Aún así creo que tú me necesitabas más a mí y tuviste miedo de perderme por tus inseguridades. Que sepas que me preo...