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a lo profundas

Me apetece otra conversación larguísima, de esas de las nuestras. En las que yo hable muy poco y te escuche mucho. Que me dé tiempo a pensarte de diez mil maneras distintas en dos horas. Y que palabra a palabra me acaricies el oído (y así calientas para después comerme la oreja). Descúbreme los nuevos puentes que construyes, ábreme puertas que siempre tienes cerradas, recórreme tus mapas y guíame por tus pasillos. Para aprenderte, aprender cómo piensas. Cómo hilas, como conectas, cómo reaccionas. Saberme de memoria todos tus mecanismos y así adivinarte por donde vas a venir, averiguando que eres totalmente impredecible (y eso me engancha). Si he perdido las ganas de escribirte, es porque sólo escribo que te tengo ganas . 

A mí me faltas tú. Y a ti te falta de todo, menos yo.

¿Quién es el que echa más de menos?
Y es que a veces estar cerca separa más, ya sea porque no quieres o porque no puedo. Y entramos en conflicto de intereses, porque yo te quiero cerca y tu no puedes a mi lado, o tú no me puedes tener lejos y yo no quiero acercarme. Me dueles la cabeza. Me lloras por las noches. Me pesas por dentro. Me despiertas enfadada y ya no consigues arreglarme el día. Me giras a tu alrededor y me mareas. Y te mareo. Y no te busco y me culpas por no buscarte. Y te busco y me culpas por buscarte. Y me quito y no te pones, y me pongo y no te quitas. Subimos y bajamos a la inversa, coordinando el perfecto destiempo. Quiero salir, porque ya no merezco la pena, y tu no te mereces que yo merezca la pena. Crees que me has vaciado pero solo me has cerrado más fuerte la tapa, y yo he implosionado y me repliego hacia dentro. Déjate dejarme, por ti, por mí y por todos mis compañeros. Déjame dejarme, por favor, por dios y por la vida. Pídete las cosas, como yo me las pido a mí y como te las pido a ti. Te pido ...