Las mejores cosas de los veranos cántabros:
- Los reencuentros y rememorar veranos pasados mientras bajas a toda velocidad por el carril bici con la brisa playera en la cara.
- Meterte hasta lo más profundo del cantábrico, tan profundo que te hundas y no consigas tocar el suelo.
- Esos días de playa, pero plomizos, cuando el cielo se cubre con una capa de nubes que hace todos los colores más cálidos y apagados: la arena más naranja, el mar más verdoso, el verde más intenso, el agua de un azul oscuro precioso.
- Estar a las once de la mañana un domingo, después de un sábado de fiesta sin haber dormido apenas, y que te despierte el patatero con sus sacos de patatas de veinticinco kilos a diez euros, que tu hermana (en la litera de arriba) y tú ahoguéis una risa a la vez y aún sin verla saber que está ahí, como siempre.
- La histeria de tu padre cuando al virar con la barca aceleras el motor.
- Reconciliarse con Laura un viernes a las doce a la salida de un garito sin decir nada: simplemente dando un abrazo.
- Que te llueva en la playa y tener que salir corriendo al coche.
- Bañarte en la piscina a las cinco de la mañana después de haber bailado el "yo quiero bailar, toda la noche" con tus amigos de toda la vida.
- Cuando Ana se pone a bailar con el coche, dando volantazos a los lados y frenando al ritmo de la música en mitad de la noche, volviendo de una gasolinera a la que has ido a comprar pan para que siga la barbacoa.
- Dormir con Laura en un sofá.
Comentarios
Publicar un comentario