Y después de muchos años,
fardaremos de las líneas de expresión que trazan todo lo que hemos sentido
de ojeras provocadas por noches salvajes o noches de hospital,
de patas de gallo por culpa de cafés y amaneceres
e igual hasta de algún hueso mal soldado que nos avise de cuándo va a llover
para que no saquemos el paraguas.
Mientras tanto, yo sigo con el alma y las sábanas perfectamente planchadas
esperando a que llegues tú y me las arrugues.
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