No hay nada peor que tener el corazón lejos. Y no me refiero a geográficamente, que también (y me quito el sombrero por todas esas relaciones a distancia), me asusta más temporalmente. Esa gente que tiene sus pasiones en el pasado, o que sólo piensa en el futuro dejando al presente como un mero trámite hacia lo que realmente debe ser.
No hagas eso, de verdad, aprovecha. Disfruta. Que estamos solos, la chimenea está encendida y me hace unos ojos preciosos. Si mañana te tienes que ir no me quedará más remedio que decirte adiós con la mano, y si no aprovechamos, me tocará decirte adiós igual pero no me habrá compensado.
Planeamos un futuro y luchamos por ello, pero en el fondo, quién sabe dónde estaremos en diez años, o si en cinco minutos seguiremos en el salón y si se habrá apagado el fuego. Por eso lucha, sufre, llora, que te duela la vida, porque joder, no vuelve, es esto, que te hiera todo lo que pueda mientras esté. Se te va, asústate porque se va, y si esperas a lo que va a llegar, o te refugias en lo que ya ha pasado, se escurre.
Y no tengas miedo a pasarlo mal, porque yo te voy a dar los abrazos y los besos más reconfortantes de mi repertorio, si me dejas, claro. Búscate siempre a alguien como yo, alguien que esté ahí y que te provoque la necesidad de sentirle. No voy a dejarte solo, no puedo, así que fíate de mí. Y no tengas miedo de necesitarme porque yo también te necesito. Prometo protegerte con cada fibra de mi ser, y ser toda tuya sin esperar nada a cambio, porque lo que necesito es que estés seguro.
No digo siempre porque no me ato, porque llegará el momento en el que tenga que proteger a otras personas y tú hayas aprendido a protegerte solo. Sin compromiso. Sólo quiero asegurarme de que pasas feliz el tiempo que a mí me corresponde cuidarte. Y espero (en secreto) que sea toda la vida.
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