Dicen que el amor (romántico) es lo más bonito del mundo. Y también dicen que París es la ciudad más bonita del mundo. Yo no lo sé seguro, pero, ¿y si tienen razón? Aunque hay gente que dice que luego París no es para tanto, que decepciona por las altas expectativas que genera. La verdad es que en las pelis y las canciones lo pintan mágico y maravilloso, todo perfecto, pero ahí siempre se idealiza todo.
Con esto no quiero decir que haya poca gente que realmente vaya a París, para nada, ¡si es la ciudad con más visitantes del mundo! Hay gente con mucha suerte que ha conseguido ir hasta dos y tres veces, aunque siempre hay una distinta que les marca. Dentro de París no hay una única forma de vivirlo, hay millones. Están los que por miedo a no volver más, intenta recorrerse París de arriba a abajo en un fin de semana, viéndolo todo muy rápido y sin disfrutar apenas, y claro, el domingo se les acaba la ciudad y tienen que volver. Los que entran en el Louvre, los que hacen un picnic en los Campos Elíseos, los que pasean por el Barrio Rojo (sí, el de Moulin Rouge), o por Montmarte. Los que montan en el barco de vapor del Sena, los que rezan en Notre Dame, los que suben a lo alto de la Torre Eiffel, los que se van de compras de máximo lujo por la Rive Droite, los que prefieren ir a Disneyland...
Hay quien consigue recorrerse París al milímetro y llegar hasta el mismísimo Palacio de Versalles. Hay quien estando en París echa de menos su ciudad natal. Hay quien se va de París, quien decide abandonarlo, y a quien le deportan, Hay quien sueña con volver, quien no quiere ni oír hablar de él, o que no puede pensar en otra cosa. Hay gente que se queda a vivir en París el resto de su vida.
Queramos o no, directa o indirectamente, toda nuestra vida gira en torno a París, y todos tenemos hemos pensado muchas veces en cómo vemos París.
A mí me parece que el amor es lo más bonito del mundo y París la cuidad más romántica del mundo.
Pero tú ponte que un día pues te surge y te vas a París. Y claro, llegas allí sin hablar francés, sin conocer a nadie, no sabes dónde dormir, o te pierdes. Así hay gente a la que le da miedo viajar a París, a mí la primera. Luego hay gente que cree que París le queda grande, que es demasiado, y en el fondo creen que no van a llegar a entenderlo, y prefieren irse a Benidorm con su nevera portátil. Pero cuando empiezas el viaje con la persona indicada, las ganas son mayores que todos los miedos, supongo.
También están esos que dicen haber ido a París, pero que nunca han estado. Y te los encuentras de todo tipo: los que enseñan orgullosos el llavero de la Torre Eiffel, aunque seguro que es del duty-free porque no llegaron a salir del aeropuerto. O los que te enseñan su foto sujetándola cuando es la torre del Parque Europa, y se nota que ni han olido la capital gala. Y los que más me espantan, los que se jactan de no haber ido nunca a París ni tener ganas de ello, ¡qué ignorantes! Dicen que París está anticuado, que ahora los mejores destinos son los exóticos, como las Bahamas. Pero París es único, París tiene su propia esencia, y bueno, hay que verlo todo en esta vida.
Con esto no quiero decir que haya poca gente que realmente vaya a París, para nada, ¡si es la ciudad con más visitantes del mundo! Hay gente con mucha suerte que ha conseguido ir hasta dos y tres veces, aunque siempre hay una distinta que les marca. Dentro de París no hay una única forma de vivirlo, hay millones. Están los que por miedo a no volver más, intenta recorrerse París de arriba a abajo en un fin de semana, viéndolo todo muy rápido y sin disfrutar apenas, y claro, el domingo se les acaba la ciudad y tienen que volver. Los que entran en el Louvre, los que hacen un picnic en los Campos Elíseos, los que pasean por el Barrio Rojo (sí, el de Moulin Rouge), o por Montmarte. Los que montan en el barco de vapor del Sena, los que rezan en Notre Dame, los que suben a lo alto de la Torre Eiffel, los que se van de compras de máximo lujo por la Rive Droite, los que prefieren ir a Disneyland...Hay quien consigue recorrerse París al milímetro y llegar hasta el mismísimo Palacio de Versalles. Hay quien estando en París echa de menos su ciudad natal. Hay quien se va de París, quien decide abandonarlo, y a quien le deportan, Hay quien sueña con volver, quien no quiere ni oír hablar de él, o que no puede pensar en otra cosa. Hay gente que se queda a vivir en París el resto de su vida.
Queramos o no, directa o indirectamente, toda nuestra vida gira en torno a París, y todos tenemos hemos pensado muchas veces en cómo vemos París.
A mí me parece que el amor es lo más bonito del mundo y París la cuidad más romántica del mundo.
SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS,
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