Me apetece otra conversación larguísima, de esas de las nuestras. En las que yo hable muy poco y te escuche mucho. Que me dé tiempo a pensarte de diez mil maneras distintas en dos horas. Y que palabra a palabra me acaricies el oído (y así calientas para después comerme la oreja). Descúbreme los nuevos puentes que construyes, ábreme puertas que siempre tienes cerradas, recórreme tus mapas y guíame por tus pasillos. Para aprenderte, aprender cómo piensas. Cómo hilas, como conectas, cómo reaccionas. Saberme de memoria todos tus mecanismos y así adivinarte por donde vas a venir, averiguando que eres totalmente impredecible (y eso me engancha).
Hace poco estuve reflexionando en los matices del idioma. Traduciendo unos textos del francés, aprendí que "recuperación" se suele traducir por "rélancer". En francés existe la palabra "récuperer", pero se utiliza más para recoger algo de un sitio. Recuperar quiere decir volver a llevar algo a su estado original: recuperar la economía implica que la economía ha ido fatal y que aspiramos a volverla a llevar al punto en el que estaba antes de que todo fuera mal. Sin embargo, un francés dice "relanzar" la economía: y relanzar implica llevarla a un punto superior al original. Si la economía va mal, un francés aspira a mejorar el estado previo de su economía, no se conforma con volver al principio. Y me pareció bonito, esperanzador, optimista. No quiero recuperarme, a partir de ahora voy a relanzarme. A salir mejor de cada bache, a tomár más impulso de cada caída. No voy a aspirar a volver al punto original, a partir de ahora, apuntamos a un lugar di...

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