Pues una cosa te voy a decir
¿sabes lo que va a pasar?
yo tampoco.
Pero sé que no voy a salir perdiendo. Tú probablemente salgas ganando de un modo u otro, pero yo no voy a perder esta vez. Te he visto tantas veces ya, y hace un tiempo que no te reconozco. O igual es que ya no te mira la misma de antes, no te voy a culpar de todo. Te voy a contar una historia que no tiene nada que ver, como siempre hago, pero para mí tiene mucho sentido. El que consiga conectar los puntos tiene ganada mi cabeza. Empiezo: yo siempre iba por la misma carretera con el coche. Siempre, era la única forma de volver a casa. Y un día cualquiera tuve un accidente. Porque sí. Como comprenderás, ya no me fío ni de mí misma. No esperes que aunque me muestres la parte conocida me sienta segura. Te voy a confesar que parezco más segura de lo que he estado nunca, pero en realidad, jamás he estado tan perdida. No creo que esté en una posición peor, si no todo lo contrario. Pero ya no sé como soy. Me noto más egoísta, más arisca, más débil y más tonta. Es lo que me hace cambiarte de plano. Leo todo lo que te he escrito y pienso en lo estúpida que era pensando que tú sabías todas estas cosas. ¡Pero si no puedo ser más obvia! Madre mía, que vergüenza. Ahora es el momento en el que me pongo toda roja y hago como que soy la única que es consciente de ello, actuando como si nada para creerme que nadie se ha dado cuenta. Todo el mundo se calla y me deja en mi mentira, y llegas tú y me señalas que me he puesto colorada, y te da la sensación de que me conoces. A mí también me da la sensación de que me conoces en esos momentos. Pero ahora que lo escribo no puedo evitar reírme porque es tan evidente que sabes que me sonrojo cuando me estás viendo la cara...
Sabes, estoy un poco nerviosa por el futuro. A veces me gustaría que te fuera un poco peor que a mí, por la dualidad esa de quién gana y quién pierde. Pero afortunadamente, el presente no me deja que sea maquiavélica porque tú eres de esas personas a las que siempre le sale todo bien, y a mí a las que le sale todo del revés. Y no puedo más que alegrarme sinceramente por ti, para decírtelo y volver a quedar en ridículo. Eres de las pocas personas que sigue llamando por teléfono y lo odio. Me entiendes y lo odio. Me apagas y me enciendes como quieres y lo odio. Y me tienes cuando quieras y eso es lo que más odio. Que me vas a costar. Pase lo que pase, hasta lo que quiero que no pase, vas a costarme algo. Y en un punto, no sé en cual, vas a hacer temblar los cimientos tan frágiles que tengo. Qué cimientos, vas a provocarme un oleaje, porque mi sustento es tan sólido como el agua. Saltando de cabeza, porque es tu estilo favorito, sentirse intenso. Y lo peor es que no te vas a dar cuenta. Porque después de saltarme encima, mientras yo esté braceando para intentar no hundirme en mí misma, tu vas a seguir zambullido, en lo más profundo, tocándome el suelo.
Sé que no debería publicar esto, pero creo que inconscientemente quiero que lo leas y me digas "te he leído, y pienso que blablabla". Que me expliques de una vez todo lo que sospecho que sabe todo el mundo y que yo no voy a saber jamás. Eso que no quiero saber. Eso que nos hace distintos a pesar de ser tan jodidamente iguales. No quiero que me digas nada, pero me lo vas a decir, y eso es lo que me acojona. No quiero. Yo ya no puedo actuar como que no sé o no siento. ¿Lo ves? Soy un mar. Un mar de dudas, por ejemplo. Soy igual de libre, igual de impredecible, igual de serena e igual de brava si estoy picada. Y tú no eres de mar, eres más de aire. Yo, esté como esté, siempre estoy ahí, al borde del mundo. Tú sin embargo eres más de huir, aunque sea con la cabeza, a la otra punta del planeta. De faltar en los momentos críticos. Sigo pensando que tu problema es que no sabes lo que quieres, es decir, que no sabes que me quieres. Voy a dejar de seguir escribiendo estupideces, voy a clickar en publicar y voy a arrepentirme un rato, mientras me tomo un té que sé que estás deseando compartir. No, mentira. Soy un lío, y acabo de ponerlo por escrito. Déjame en paz. Cuanto más quiero que te alejes más cerca te colocas. Esto ya lo he escrito mucho antes. Ponte a leer desde el día en que te conocí y cuéntame que letras se transforman en espejos.
¿sabes lo que va a pasar?
yo tampoco.
Pero sé que no voy a salir perdiendo. Tú probablemente salgas ganando de un modo u otro, pero yo no voy a perder esta vez. Te he visto tantas veces ya, y hace un tiempo que no te reconozco. O igual es que ya no te mira la misma de antes, no te voy a culpar de todo. Te voy a contar una historia que no tiene nada que ver, como siempre hago, pero para mí tiene mucho sentido. El que consiga conectar los puntos tiene ganada mi cabeza. Empiezo: yo siempre iba por la misma carretera con el coche. Siempre, era la única forma de volver a casa. Y un día cualquiera tuve un accidente. Porque sí. Como comprenderás, ya no me fío ni de mí misma. No esperes que aunque me muestres la parte conocida me sienta segura. Te voy a confesar que parezco más segura de lo que he estado nunca, pero en realidad, jamás he estado tan perdida. No creo que esté en una posición peor, si no todo lo contrario. Pero ya no sé como soy. Me noto más egoísta, más arisca, más débil y más tonta. Es lo que me hace cambiarte de plano. Leo todo lo que te he escrito y pienso en lo estúpida que era pensando que tú sabías todas estas cosas. ¡Pero si no puedo ser más obvia! Madre mía, que vergüenza. Ahora es el momento en el que me pongo toda roja y hago como que soy la única que es consciente de ello, actuando como si nada para creerme que nadie se ha dado cuenta. Todo el mundo se calla y me deja en mi mentira, y llegas tú y me señalas que me he puesto colorada, y te da la sensación de que me conoces. A mí también me da la sensación de que me conoces en esos momentos. Pero ahora que lo escribo no puedo evitar reírme porque es tan evidente que sabes que me sonrojo cuando me estás viendo la cara...
Sabes, estoy un poco nerviosa por el futuro. A veces me gustaría que te fuera un poco peor que a mí, por la dualidad esa de quién gana y quién pierde. Pero afortunadamente, el presente no me deja que sea maquiavélica porque tú eres de esas personas a las que siempre le sale todo bien, y a mí a las que le sale todo del revés. Y no puedo más que alegrarme sinceramente por ti, para decírtelo y volver a quedar en ridículo. Eres de las pocas personas que sigue llamando por teléfono y lo odio. Me entiendes y lo odio. Me apagas y me enciendes como quieres y lo odio. Y me tienes cuando quieras y eso es lo que más odio. Que me vas a costar. Pase lo que pase, hasta lo que quiero que no pase, vas a costarme algo. Y en un punto, no sé en cual, vas a hacer temblar los cimientos tan frágiles que tengo. Qué cimientos, vas a provocarme un oleaje, porque mi sustento es tan sólido como el agua. Saltando de cabeza, porque es tu estilo favorito, sentirse intenso. Y lo peor es que no te vas a dar cuenta. Porque después de saltarme encima, mientras yo esté braceando para intentar no hundirme en mí misma, tu vas a seguir zambullido, en lo más profundo, tocándome el suelo.
Sé que no debería publicar esto, pero creo que inconscientemente quiero que lo leas y me digas "te he leído, y pienso que blablabla". Que me expliques de una vez todo lo que sospecho que sabe todo el mundo y que yo no voy a saber jamás. Eso que no quiero saber. Eso que nos hace distintos a pesar de ser tan jodidamente iguales. No quiero que me digas nada, pero me lo vas a decir, y eso es lo que me acojona. No quiero. Yo ya no puedo actuar como que no sé o no siento. ¿Lo ves? Soy un mar. Un mar de dudas, por ejemplo. Soy igual de libre, igual de impredecible, igual de serena e igual de brava si estoy picada. Y tú no eres de mar, eres más de aire. Yo, esté como esté, siempre estoy ahí, al borde del mundo. Tú sin embargo eres más de huir, aunque sea con la cabeza, a la otra punta del planeta. De faltar en los momentos críticos. Sigo pensando que tu problema es que no sabes lo que quieres, es decir, que no sabes que me quieres. Voy a dejar de seguir escribiendo estupideces, voy a clickar en publicar y voy a arrepentirme un rato, mientras me tomo un té que sé que estás deseando compartir. No, mentira. Soy un lío, y acabo de ponerlo por escrito. Déjame en paz. Cuanto más quiero que te alejes más cerca te colocas. Esto ya lo he escrito mucho antes. Ponte a leer desde el día en que te conocí y cuéntame que letras se transforman en espejos.
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