Prefiero el mar por encima de todo: puede ser salvaje o sereno, pero siempre lleva el mismo color y sonido. Me encantan las palomitas con mucha sal y todavía no conozco a nadie que reconozca que le gusta cocinar. No creo en la publicidad subliminal ni en la Iglesia, pero sí en Dios. Odio llegar demasiado pronto, llevar collares y que me salpiquen. Suelo chupar la tapa de los bolis y se me pega una muletilla diferente cada quince días. Siempre le echo sal a la comida, aunque no la haya probado. No soporto las manías de la gente, aunque yo tengo cientas. Soy orgullosa y odio pedir ayuda o que me agarren de la mano. Tampoco me gustan los abrazos o besos porque sí, y me cuesta mucho decir y demostrar un "te quiero". Vivo ajena a todo, menos de la gente que me importa. No me gusta la comida de color azul, pero me gustan las frutas y las verduras y cocinar. No sé fingir, pero no creo que sea un defecto, y no distingo la derecha de la izquierda si no lo pienso primero. Adoro escribir y cantar aunque se me dé mal. Nunca dejo nada por perdido, sólo apartado, sobre todo las amistades. No copio a nadie, simplemente porque soy demasiado perezosa y ello implicaría demasiado esfuerzo. No soporto la gente que se deja influenciar o los que influencian. Soy adicta a los smints y a los Sims. Nunca he llevado brackets. Amo perderme por Madrid y dejarme llevar por sus calles, a mis amigos, pero los de verdad, y a mis hermanos, a mi juicio, lo más importante de mi mundo.
No has parado de llorar estos dos últimos días. Es como si me dijeras que ya no me queda nada por hacer aquí, que hasta aquí hemos llegado. La verdad es que aún no te había visto así, me resultas hasta rara. Qué pretendes, ¿hacerme creer que todo ha sido un sueño? Lo parece, y lo mejor de todo es que ha sido intensamente real desde el primer segundo hasta el último. Te voy a confesar algo, no he sabido condensar esto en tres maletas así que te dejo desparramadas por ahí millones de cosas. Mis cremas y champús, algunos zapatos, mi abrigo favorito, paredes llenas de bluetack, mil historias detrás de los letreros de tus pubs, millones de sueños en cada muelle de la cama (y no vamos a mentir, ponle unas diecinueve pesadillas). Digamos que te intento compensar por todo lo que me has regalado. Te dejo también todas mis historias reptando por las aceras, impregnado las paredes, escurriéndose entre los huecos de tus ladrillos rojos y tus techos de pizarra. A cambio, yo me llevo toda tu histori...
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