Ya sabes lo que dicen, que ande yo caliente y ríase la gente, pero, ¿dónde va Vicente? Donde va la gente. Que a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija, pero por el interés te quiero Andrés. Que al pan pan, y al vino vino, pero si al hablar no has de agradar, es mejor callar. Que la paciencia es la madre de la ciencia, pero, ¿acaso no es cierto que a buen entendedor, pocas palabras le bastan? Que más vale pájaro en mano que ciento volando, mas quien no arriesga, no gana. También hay quien dice que a quien madruga, Dios le ayuda, pero no por mucho madrugar amanece más temprano. Que perro ladrador, poco mordedor, pero si el río suena, agua lleva. O que no hay mal que por bien no venga, aunque siempre llueva sobre mojado. Y que donde hubo fuego, cenizas quedan, pero agua pasada no mueve molinos.
No has parado de llorar estos dos últimos días. Es como si me dijeras que ya no me queda nada por hacer aquí, que hasta aquí hemos llegado. La verdad es que aún no te había visto así, me resultas hasta rara. Qué pretendes, ¿hacerme creer que todo ha sido un sueño? Lo parece, y lo mejor de todo es que ha sido intensamente real desde el primer segundo hasta el último. Te voy a confesar algo, no he sabido condensar esto en tres maletas así que te dejo desparramadas por ahí millones de cosas. Mis cremas y champús, algunos zapatos, mi abrigo favorito, paredes llenas de bluetack, mil historias detrás de los letreros de tus pubs, millones de sueños en cada muelle de la cama (y no vamos a mentir, ponle unas diecinueve pesadillas). Digamos que te intento compensar por todo lo que me has regalado. Te dejo también todas mis historias reptando por las aceras, impregnado las paredes, escurriéndose entre los huecos de tus ladrillos rojos y tus techos de pizarra. A cambio, yo me llevo toda tu histori...
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