Voy a llenarme la boca de besos, por si acaso no nos llegan con los que traes tú, ¿vale? Y en el hueco que hay entre la espada y la pared voy a escribir que tu sonrisa está hecha con el brillo de los ojos de los gatos que miran a las estrellas en los tejados de Madrid y entonces tú vas a venir y vas a clavar la espada donde mejor te venga y vas a apoyarme contra la pared y vamos a dejar de respirar un rato para dejar de ser corrientes y cuando nos cansemos de no seguir al resto vamos a acercarnos a la orilla y a dejarnos llevar un rato por las olas y luego voy a declararte la guerra y después de rebozarme en tus caricias vas a ponerte de pie y vas a decirme cosas que piensas pero no dices y vas a pensar en las cosas que dices sin pensar mientras me miras a los ojos haciéndome pensar que las cosas que dices que me hacen pensar no las piensas y las que piensas y no dices me hacen no pensar y elevarme a un nivel superior pero sólo lo pensaré y no lo diré y tú empezarás a disculparte y yo te voy a sellar la boca y empezaremos a guerrear otra vez y luego ya no sé lo que va a pasar, pero lo que tengo muy claro es que no va a acabar como todos los cuentos de princesas y de amor eterno, porque yo me merezco algo mejor, más bonito y más humano, y no tan frío, tan distante y tan perfecto, ¿vale?
No has parado de llorar estos dos últimos días. Es como si me dijeras que ya no me queda nada por hacer aquí, que hasta aquí hemos llegado. La verdad es que aún no te había visto así, me resultas hasta rara. Qué pretendes, ¿hacerme creer que todo ha sido un sueño? Lo parece, y lo mejor de todo es que ha sido intensamente real desde el primer segundo hasta el último. Te voy a confesar algo, no he sabido condensar esto en tres maletas así que te dejo desparramadas por ahí millones de cosas. Mis cremas y champús, algunos zapatos, mi abrigo favorito, paredes llenas de bluetack, mil historias detrás de los letreros de tus pubs, millones de sueños en cada muelle de la cama (y no vamos a mentir, ponle unas diecinueve pesadillas). Digamos que te intento compensar por todo lo que me has regalado. Te dejo también todas mis historias reptando por las aceras, impregnado las paredes, escurriéndose entre los huecos de tus ladrillos rojos y tus techos de pizarra. A cambio, yo me llevo toda tu histori...
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