A mí me da igual lo que hayas hecho, o lo que vaya a ser de ti, porque siempre te voy a querer. No me queda otra, mientras siga recordando cuando me diste tanto, me elevaste tanto y me hiciste tan grande. Eso queda ahí, invariable, inamovible, inolvidable.
Me vas a poner nerviosa cada vez que me llames guapa o que te acerques demasiado. Me da igual por donde hayan pasado tus manos, lo que hayan visto tus ojos, o quién te haya hecho cosquillas en los pies. El perfume al que huelas ahora, lo vacío que te hayan dejado, o lo que hayas encontrado que te llena.
Sé que mi orgullo quedará aplastado por todos los besos que has dado y no pensabas en mí, pero no me importa. No voy a luchar contra ello. No voy a hacerme la digna. Ni la dura. Si vuelves me voy a enredar en tus brazos, en tus abrazos. Va a ser simple, una muerte dulce, con anestesia. No pienso olvidarte, ni intentarlo lo más mínimo.
Rendirme a ti no es de débiles, qué va a ser de débil, ¿no ves la fuerza con la que te agarro?

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