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Ya ha vuelto a ser enero y yo ya he vuelto a desquiciarme

Tu empatía inexistente, tu falsa madurez, la gran distancia que hay entre tú ego y tu autoestima, la forma que tienes de esconderte entre las ramas y tirar piedras esperando reacciones, tus fotos del WhatsApp, que cada vez que me hablas rompes todos mis esquemas, que te echo de menos, que te tengo unas ganas que no me las aguanto, que sé que en el momento que pase algo voy a olvidarme de ti, y sobre todo que estoy dispuesta a tirar todo por tierra por tenerte cinco minutos. Que me acojonas, me das pánico, me vuelves tonta e indefensa, me levantas la guardia, que lo daría todo por ti, joder todo, que estoy deseando que me vacíes y me dejes rota, que me exprimas entera, con tal de poder posar mi ojo sobre una de tus grietas y ver una pizca del fuego que tienes dentro. Te he escrito una carta que sólo te daré si me la pides.

Y ahora ya puedo darnos la razón

¿Alguna vez has echado de menos un lugar donde nunca has estado? ¿Como por ejemplo, mi cama? Porque yo siento perfectamente dónde deberían ir tus brazos, dónde debería apoyar la cabeza, donde deberían juntarse nuestras piernas. Hasta noto el peso de tu tobillo encima del mío, y en mi espalda se marca perfectamente la presión de tu pecho cuando respiras. Por todo mi cuerpo está marcado el trazo de las yemas de tus dedos, y cada centímetro de mi piel que no te roza te llama a gritos. Y yo ya no sé ni lo que dice, no sé en qué idioma habla y poco nos importa. Porque casa vez que te miro a los ojos y pones esa sonrisa de parvulario pienso que nunca he sido más feliz, y que nunca ha tenido tan poco que ver con alguien, y solo puedo imaginar cómo compartirme. Porque es en ese momento cuando me invade la sensación de que nadie me ha desconocido tanto jamás, y tú aún así te asomas, hasta el punto que parece que te vas a despeñar por mi vacío. Pero eres de esos a los que les excita la sensació...
Pues una cosa te voy a decir ¿sabes lo que va a pasar? yo tampoco. Pero sé que no voy a salir perdiendo. Tú probablemente salgas ganando de un modo u otro, pero yo no voy a perder esta vez. Te he visto tantas veces ya, y hace un tiempo que no te reconozco. O igual es que ya no te mira la misma de antes, no te voy a culpar de todo. Te voy a contar una historia que no tiene nada que ver, como siempre hago, pero para mí tiene mucho sentido. El que consiga conectar los puntos tiene ganada mi cabeza. Empiezo: yo siempre iba por la misma carretera con el coche. Siempre, era la única forma de volver a casa. Y un día cualquiera tuve un accidente. Porque sí. Como comprenderás, ya no me fío ni de mí misma. No esperes que aunque me muestres la parte conocida me sienta segura. Te voy a confesar que parezco más segura de lo que he estado nunca, pero en realidad, jamás he estado tan perdida. No creo que esté en una posición peor, si no todo lo contrario. Pero ya no sé como soy. Me noto más ego...

Cravings

No has parado de llorar estos dos últimos días. Es como si me dijeras que ya no me queda nada por hacer aquí, que hasta aquí hemos llegado. La verdad es que aún no te había visto así, me resultas hasta rara. Qué pretendes, ¿hacerme creer que todo ha sido un sueño? Lo parece, y lo mejor de todo es que ha sido intensamente real desde el primer segundo hasta el último. Te voy a confesar algo, no he sabido condensar esto en tres maletas así que te dejo desparramadas por ahí millones de cosas. Mis cremas y champús, algunos zapatos, mi abrigo favorito, paredes llenas de bluetack, mil historias detrás de los letreros de tus pubs, millones de sueños en cada muelle de la cama (y no vamos a mentir, ponle unas diecinueve pesadillas). Digamos que te intento compensar por todo lo que me has regalado. Te dejo también todas mis historias reptando por las aceras, impregnado las paredes, escurriéndose entre los huecos de tus ladrillos rojos y tus techos de pizarra. A cambio, yo me llevo toda tu histori...

Done.

No me conoces de nada. Ni siquiera sabes cuándo hablo en broma o en serio. No conoces mi voz de dormida, ni sabes dónde está la cicatriz que sólo aparece cuando me enfado. No has escuchado mis historias más vergonzosas, ni te imaginas que llevo tatuajes. No sabes que me pongo roja con el vino o cuando me llamas guapa. No tienes ni idea de cómo me gusta el café, ni cuál es mi destino preferido, ni mi sitio en el sofá, ni mi historial de desamores en los bares. Desconoces mis pasiones y aversiones, mis gustos y rarezas, mis manías y aficiones, mis miedos y aspiraciones, mis planes y mis sueños. Y te crees con derecho a marearme, a meterte en mi cabeza, a juguetear conmigo, a hacerme cosquillas en la palma de la mano, a llamarme rubia cuando soy castaña y decirme que te gustan mis zapatos, cuando no los he elegido yo.  Que has tardado tres meses en mirarme a los ojos y sólo ha sido para mirar tu propio reflejo. 

somos carne de canción

Venga, reconócelo que eres más de tetas que de culos que las prefieres rubias (las cervezas) pero te estás haciendo al vino en ocasiones especiales (como cuando estás conmigo, por ejemplo). Que prefieres lo genuinamente sexy a la estudiada sensualidad, cuidar a que te cuiden, reírte de mí y no conmigo, un buen contraataque y quedarte en casa porque  quieres que te saque. Prefieres lo sencillo y complicarte en tu azotea para luego bajar como si todo te diera lo mismo. Tener tu espacio e invadirme el mío  y que entre siempre llamando a la puerta para desordenarte por completo ponerte patas arriba y robarte tu taza favorita para llevarme el café. Venga, reconócelo. Reconoce que podría haber revolucionado tu mundo, que me lees hasta la última letra que sabes que te escribo a ti y que te daba vértigo lo profunda que era. Yo reconoceré que tampoco te ayudé a desplegar el paracaídas  porque era malísima orientándome y me ...

el tiempo no sé si cura pero sí entierra

Hoy he vuelto a querer escribirte pero ya no sé sobre qué. Ya no siento que pueda leerte la mente. Ya no sé qué decir cuando me hablan de ti. Ya no te conozco, no puedo justificarte, no puedo comprenderte, desgranarte. Ya no parece como si pudieras leerme la mente. Ya no sé si te hago gracia, si me recuerdas. Ya no puedes tranquilizarme ni quitarme la razón. Ya no puedes comprenderme, desgranarme. Me encantaba cuando lo hacías, eran cosquillas por dentro. Ahora somos castillos y con fortaleza. Fue bonito.